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Straight Edge: últimas víctimas de la caza de brujas

La detención de cinco personas en Madrid se suma a las de las últimas semanas en Cataluña y Galicia bajo la acusación de “pertenencia a organización criminal con fines terroristas”, sin que se conozca la existencia de ninguna víctima de estos grupos.

1979. Straight Edge - últimas víctimas de la caza de brujas

Una pegatina de Straight Edge Madrid.

La Policía Nacional detuvo el miércoles 4 de noviembre en Madrid a cinco personas, bajo la acusación genérica de “pertenencia a organización criminal con fines terroristas”, una imputación cada vez más frecuente en las detenciones de personas vinculadas a movimientos políticos (libertarios en Barcelona y Manresa en la nueva operación Pandora a finales de octubre, pertenecientes a Resistencia Galega en la operación Jaro) y cuya gravedad no suele corresponder con la consistencia de las pruebas aportadas. Hasta el momento, no se conoce la existencia de ninguna víctima de estos supuestos grupos terroristas.

En este caso, la Policía Nacional considera a las cinco personas “responsables del ataque con artefactos incendiarios contra cuatro sucursales bancarias de Madrid” y les tilda de pertenecer “a un grupo anarquista radical”, el colectivo Straight Edge.

Eduardo Gómez Cuadrado, abogado de varias de las personas detenidas, confirma aDiagonal esa acusación genérica y pone en duda que se corresponda con la realidad.

“La imputación por terrorismo es ridícula. El problema es que terrorismo es lo que ellos digan que es terrorismo”

“Con lo que sabemos hasta ahora, la imputación por terrorismo es ridícula. El problema es que terrorismo es lo que ellos digan que es terrorismo”, señala el letrado, quien además denuncia un doble juego en el manejo de la información: “Han salido cosas en prensa que nosotros aún no sabemos, nos han denegado el acceso a esas informaciones alegando que están bajo secreto de sumario”.

Para Gómez Cuadrado, la propia definición de terrorismo no encajaría ni siquiera con los hechos supuestamente cometidos por las personas detenidas. “Si terrorismo es subvertir mediante la violencia el orden constitucional y se les acusa de atacar sucursales bancarias, ¿desde cuándo son éstas lo que sustenta el orden constitucional?”.

Otra de las acusaciones filtradas y aireadas por algunos medios es la de que los detenidos habrían difundido vídeos haciendo apología del  uso de las acciones violentas. “Por lo que sabemos, se trata de vídeos artísticos y de grupos de música hardcore”, precisa el abogado.

Uno de los integrantes de Straight Edge Madrid ha asegurado a Diagonal que están “flipando con todo esto” y que prefieren no pronunciarse al respecto.

Para él, su movimiento se basa en “un compromiso con uno mismo, hacerse responsable de los efectos que lo que uno hace tiene en el medio ambiente y en el entorno. Hoy en día parece que todo gira en torno al consumo, ya sea de alcohol o de otro tipo de drogas y nosotros queremos hacer cosas más importantes, hay otras formas de divertirse”. En su caso, lo que hace es organizar conciertos y eventos de carácter musical y tocar en un grupo, DSD (Diversión sin Drogas).

¿Pero qué es el ‘straight edge’?

El ‘straight edge’ surgió en un momento muy determinado y en un espacio muy concreto, el reducido mundo de la música punk y hardcore de Washington DC, la capital estadounidense, en los primeros años ochenta, aunque luego se extendiese por otras latitudes.

En su génesis, se trataba de una queja por la falta de expectativas y de horizonte de una juventud abocada a la droga como principal y única diversión.

Ese lamento se concretaría en dos canciones de Minor Threat, el grupo más destacado de aquel mundillo del punk en Washington, Out of step y Straight Edge, que relataban la rabia desde la primera persona por no encajar en un mundo en el que tomar drogas era la única alternativa y el modo más cercano de vencer al aburrimiento.

Una parte de los grupos de punk de esa ciudad tomaron partido e hicieron gestos simbólicos como pintarse X en las manos, que era la marca que los clubes y salas de conciertos ponían a los menores de edad, y que se constituiría en una de las señas de identidad para quienes se identificaron con el movimiento que surgiría posteriormente.

Aquella queja personal fue derivando en una suerte de modo de vida, bautizado con el título de la canción de Minor Threat, con normas estrictas de comportamiento en lo tocante a alimentación y formas de ocio.

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Autoría: Jose Durán Rodríguez

Fuente: diagonalperiodico.net

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Esta entrada fue publicada en 15/11/2015 por .
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